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3.5 ¿Por qué puede resultar tan difícil o aburrido rezar?

La oración personal

A veces la gente experimenta dificultades en la oración, especialmente cuando parece que todo va bien. En esos momentos, cuando oramos necesitamos perseverancia, lealtad y persistencia.

Pero no te desesperes: puedes estar seguro de que Dios siempre está ahí. Él siempre te ayuda cuando realmente lo necesitas, aunque a veces de una manera inesperada. Dios extiende su mano hacia ti, y tú puedes confiar en él (Mt. 14:31)Mt. 14:31 Inmediatamente Jesús, extendiendo la mano, lo sostuvo y le dijo: “Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?”.. ¿Te atreves a tomarle la mano?

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Debes aplicarte en todo lo que hagas, incluida la oración. Si te esfuerzas, Dios te ayudará a orar. Aunque no te des cuenta, ¡él está allí!

La sabiduría de la Iglesia

¿Por qué la oración es una “batalla”?

La oración es un don de la gracia, pero presupone siempre una respuesta decidida por nuestra parte, pues el que ora “pelea” contra sí mismo, contra el ambiente y, sobre todo, contra el tentador, que hace todo lo posible para apartarlo de la oración. El combate de la oración es inseparable del progreso en la vida espiritual: se ora como se vive, porque se vive como se ora. [CCIC 572]

 

¿Cuáles son las objeciones a la oración?

Además de los conceptos erróneos sobre la oración, muchos piensan que no tienen tiempo para orar o que es inútil orar. Quienes oran pueden desalentarse frente a las dificultades o los aparentes fracasos. Para vencer estos obstáculos son necesarias la humildad, la confianza y la perseverancia. [CCIC 573]

¿Por qué la oración es, en ocasiones, un combate?

Los maestros espirituales de todos los tiempos han descrito el crecimiento en la fe y en el amor a Dios como un combate, en el que se lucha a vida o muerte. El campo de batalla es el interior de la persona. El arma del cristiano es la oración. Podemos dejarnos vencer por nosotros o por nuestro egoísmo, perdernos en nimiedades o ganar como premio a Dios.

 

Quien quiere orar tiene que dominar primero sus bajos instintos. Lo que hoy llamamos “no tener ganas”, los Padres del desierto lo conocían como “acedía”. La falta de ganas de Dios es un gran problema en la vida espiritual. Tampoco el espíritu de nuestro tiempo ve ningún sentido en la oración y la agenda llena no le deja ningún lugar. Asimismo toca luchar contra el tentador, que se atreve a todo para impedir que el hombre se entregue a Dios. Si Dios no quisiera que lo encontráramos en la oración, no lograríamos vencer en el combate. [Youcat 505]

¿No es la oración una especie de monólogo?

Precisamente lo característico de la oración es que se pasa del yo al tú, del ensimismamiento a la apertura radical. Quien ora realmente puede experimentar que Dios habla y que frecuentemente habla de forma diferente a lo que nosotros deseamos y esperamos.

 

Los orantes experimentados dicen que con frecuencia se sale de la oración de forma diferente a como se ha entrado. A veces se cumplen las expectativas: uno está triste y es consolado; uno está desanimado y logra una nueva fuerza. Pero también puede suceder que uno quiera olvidar las dificultades y se encuentre en una inquietud aún mayor; que uno quiera que le dejen tranquilo y reciba una misión. Un verdadero encuentro con Dios, como sucede continuamente en la oración, puede alterar nuestras ideas, tanto de Dios como de la oración. [Youcat 506]

¿Qué pasa cuando sentimos que la oración no ayuda?

La oración no busca el éxito superficial, sino la voluntad y la cercanía de Dios. Precisamente en el aparente silencio de Dios se esconde una invitación a dar un paso más hacia la entrega total, la fe sin límites, la esperanza infinita. Quien ora debe dejar a Dios la libertad plena de hablar cuando él quiera, de cumplir lo que él quiera y de donarse como él quiera.

 

A menudo decimos: he rezado y no ha servido de nada. A lo mejor no rezamos con suficiente intensidad. El santo cura de Ars le preguntó en una ocasión a un compañero que se quejaba de su fracaso: “Has orado, has suplicado; pero ¿has ayunado y velado también?” Y también podría suceder que le pidamos a Dios lo que no nos conviene. En una ocasión dijo santa Teresa de Jesús: “Sabe el Señor lo que puede sufrir cada uno, y a quien ve con fuerza no se detiene en cumplir con él su voluntad”. [Youcat 507]

¿Qué ocurre cuando no se siente nada en la oración o cuando incluso se experimenta una aversión a la oración?

La distracción en la oración, el sentimiento de vacío interior y de sequedad e incluso la aversión a la oración son experiencias que tiene todo orante. Ser constante en la fidelidad es ya en sí oración.

                                         

Incluso santa Teresa del Niño Jesús estuvo mucho tiempo sin poder experimentar nada del amor de Dios. Poco antes de su muerte la visitó por la noche su hermana Celina. Vio que Teresa tenía las manos enlazadas. “¿Qué haces? Deberías intentar dormir”, dijo Celina. “No puedo, sufro demasiado. Pero rezo” … respondió Teresa. “¿Y qué le dices a Jesús?” “No le digo nada. Le amo”. [Youcat 508]

Esto es lo que dicen los Papas

Ni las preocupaciones familiares, ni otras cuestiones deberían quedar fuera del ámbito de la vida espiritual. Toda actividad humana cobra en Cristo un significado más profundo, convirtiéndose en auténtico testimonio. El alma, arraigada en el espíritu de oración, se abre al Dios infinito y eterno. Quiere servir a ese Dios y encontrar en él la fuerza y la luz para su vida cristiana. Gracias a la fe, reconocemos en nuestra vida la realización del plan divino de amor, descubrimos la constante solicitud del Padre que está en los cielos. [Papa Juan Pablo II, Homilía en Gorzov, 2 de junio 1997]