Todos los Tweets
Anterior:
Siguiente:
weg met T-splitsing

3.4 ¿Puede la oración ayudarme a tomar las decisiones correctas?

La oración personal

Para descubrir lo que Dios quiere para nosotros, debemos aprender a reconocer cómo él nos habla en la profundidad de nuestros corazones. Escuchar a Dios significa escuchar nuestros sentimientos más profundos. Solamente dentro de nosotros mismos podremos encontrar la Voluntad de Dios.

Es bueno distinguir qué deseos provienen del Espíritu Santo y cuáles no. Para hacer esto, necesitas la ayuda de Dios. Una vez que hayas encontrado lo que debes hacer, experimentarás verdaderamente paz y tranquilidad interior. Este sentimiento es lo que Dios quiere para cada uno de nosotros, ya que indica lo que es correcto.

> Leer más en el libro

Sí, tus deseos más profundos son también los de Dios, que te da paz. Pero puede ser difícil distinguirlos de los superficiales.

La sabiduría de la Iglesia

¿Cuándo oraba Jesús?

El Evangelio muestra frecuentemente a Jesús en oración. Lo vemos retirarse en soledad, con preferencia durante la noche; ora antes de los momentos decisivos de su misión o de la misión de sus apóstoles. De hecho toda la vida de Jesús es oración, pues está en constante comunión de amor con el Padre. [CCIC 542].

¿Cómo oraba Jesús?

La vida de Jesús era toda ella una oración. En los momentos decisivos (las tentaciones en el desierto, la elección de los apóstoles, la muerte en la Cruz) su oración fue especialmente intensa. A menudo se retiraba en soledad para orar, especialmente por la noche. Ser uno con el Padre en el Espíritu Santo: ése fue el hilo conductor de su vida terrena. [Youcat 475

Esto es lo que dicen los Papas

“Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha” (Sal 15, 1). Al fin de cuentas, toda vocación, todo camino al que Cristo nos llama, lleva a la realización y a la felicidad, pues conduce a Dios, a compartir la misma vida divina… Los que han recibido la buena nueva viven alegres y radiantes, y además trasmiten esa alegría a los demás. [Papa Juan Pablo II, Homilía en el Foro Internacional de los Jóvenes, 13 Enero 1995]