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3.6 ¿Por qué no encuentro respuesta al rezar?

La oración personal

En algunas oportunidades podría parecer que Dios no responde a tu oración. Sin embargo, Dios responde a todas nuestras oraciones, aunque lo haga a su manera. A veces no estamos orando de la manera correcta, o pedimos cosas equivocadas.

Si nos confiamos a Dios plenamente, podemos estar seguros de que el resultado de nuestras oraciones encaja en su plan. La oración es principalmente una expresión de tu relación con Dios. Tú puedes realmente confiar en Dios y estar seguro de que él escucha nuestras oraciones.

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La oración requiere a veces perseverancia y confianza. ¡No rezas para ti, sino para Dios! Él decide lo que ocurre en la oración y cuándo.

La sabiduría de la Iglesia

¿Qué pasa cuando sentimos que la oración no ayuda?

La oración no busca el éxito superficial, sino la voluntad y la cercanía de Dios. Precisamente en el aparente silencio de Dios se esconde una invitación a dar un paso más hacia la entrega total, la fe sin límites, la esperanza infinita. Quien ora debe dejar a Dios la libertad plena de hablar cuando él quiera, de cumplir lo que él quiera y de donarse como él quiera.

 

A menudo decimos: He rezado y no ha servido de nada. A lo mejor no rezamos con suficiente intensidad. El santo cura de Ars le preguntó en una ocasión a un compañero que se quejaba de su fracaso: "Has orado, has suplicado; pero ¿has ayunado y velado también?" Y también podría suceder que le pidamos a Dios lo que no nos conviene. En una ocasión dijo santa Teresa de Jesús: “Sabe el Señor lo que puede sufrir cada uno, y a quien ve con fuerza no se detiene en cumplir con él su voluntad”. [Youcat 507]

Esto es lo que dicen los Papas

Pidan al Espíritu Santo, para que manifieste su presencia en sus vidas. A mí, la experiencia de la acción del Espíritu Santo me la transmitió de modo especial mi padre, cuando tenía la edad de ustedes. Si me encontraba en alguna dificultad, me recomendaba orar al Espíritu Santo; y esa enseñanza me marcó el camino que he seguido hasta hoy. Les digo esto porque ustedes son jóvenes, como yo lo era entonces. Y les hablo de eso sobre la base de muchos años de vida, transcurridos en tiempos también difíciles. [Papa Juan Pablo II, Homilía a los jóvenes, 26 Abr. 1997]