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4.39 ¿Debemos mantener viva a la gente a toda costa?

El final de la vida

No, el tratamiento debe ser proporcional al objetivo a alcanzar. Todo paciente tiene derecho a un cuidado común, como comida y agua. Por supuesto, siempre se debe dar esa atención ordinaria. Por ejemplo, las heridas deben tratarse y vendarse. Sin embargo, no siempre es posible proporcionar tratamientos muy costosos o radicales que pueden ser desproporcionados.

Recibimos nuestras vidas de Dios y sabemos que vamos a morir algún día. Es muy cristiano confiar en Dios y preparase uno mismo para la muerte, que no buscaste ,y  no aferrarse a tratamientos desproporcionados a cualquier precio.

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No a toda costa: tratamientos demasiado caros o dañinos ≠ obligatorios; cuidados normales (p.e. alimento), deben mantenerse hasta la muerte.

La sabiduría de la Iglesia

¿Qué prohíbe el quinto mandamiento?

El quinto mandamiento prohíbe, como gravemente contrarios a la ley moral:

  • El homicidio directo y voluntario y la cooperación al mismo.
  • El aborto directo, querido como fin o como medio, así como la cooperación al mismo, bajo pena de excomunión, porque el ser humano, desde el instante de su concepción, ha de ser respetado y protegido de modo absoluto en su integridad.
  • La eutanasia directa, que consiste en poner término, con una acción o una omisión de lo necesario, a la vida de las personas discapacitadas, gravemente enfermas o próximas a la muerte.
  • El suicidio y la cooperación voluntaria al mismo, en cuanto es una ofensa grave al justo amor de Dios, de sí mismo y del prójimo; por lo que se refiere a la responsabilidad, ésta puede quedar agravada debido al escándalo o atenuada por particulares trastornos psíquicos o graves temores.

[CCIC 470]

¿Qué tratamientos médicos se permiten cuando la muerte se considera inminente?

Los cuidados que se deben de ordinario a una persona enferma no pueden ser legítimamente interrumpidos; son legítimos, sin embargo, el uso de analgésicos, no destinados a causar la muerte, y la renuncia al “encarnizamiento terapéutico”, esto es, a la utilización de tratamientos médicos desproporcionados y sin esperanza razonable de resultado positivo. [CCIC 471]

¿Está permitido ofrecer ayuda para morir?

Producir la muerte directamente está siempre en contra del mandamiento “No matarás”(Ex 20:13). Por el contrario, estar de pie y ayudar a una persona que está muriendo es humano e incluso obligatorio.

Lo que realmente importa es si una persona moribunda es asesinada o se le permite morir acompañada. Alguien que intencionalmente provoca la muerte de una persona moribunda (eutanasia) rompe el Quinto Mandamiento. Alguien que ayuda a otra persona en el proceso de morir obedece el mandamiento “Ama a tu prójimo”. En vista de la muerte inminente de un paciente, es legítimo retener procedimientos médicos extraordinarios o costosos que no son proporcionales al resultado esperado. El paciente mismo debe tomar la decisión de renunciar a medidas “extraordinarias” o debe haber establecido esta intención en una directiva anticipada. Si ya no es capaz de hacerlo, aquéllos que tienen el derecho legal deben representar los deseos expresos o probables de la persona moribunda. El cuidado ordinario de una persona moribunda nunca se debe interrumpir; esto está ordenado por el amor al prójimo y la misericordia. Mientras tanto, puede ser legítimo y acorde con la dignidad humana el uso de analgésicos, incluso a riesgo de acortar la vida del paciente. Lo más importante es que el uso de tales medicamentos no debe tener como objetivo provocar la muerte, ya sea como un fin en sí mismo o como un medio para terminar con el dolor. [Youcat 382]

Esto es lo que dicen los Papas

La respuesta adecuada al sufrimiento del final de la vida es una atención amorosa y el acompañamiento hacia la muerte, especialmente con la ayuda de los cuidados paliativos,  y no la “ayuda activa a morir”. Muchas otras personas deben estar dispuestas, o ser impulsadas a esa disponibilidad, a dedicar tiempo e incluso recursos a la asistencia amorosa de los enfermos graves y de los moribundos. [Papa Benedicto, Reunión con autoridades en Viena, 7 de septiembre de 2007]