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1.29 ¿No fue Jesús simplemente buena persona y un sabio gurú?

¿Qué ha hecho Jesús por nosotros?

Jesús es a la vez hombre y Dios. El gran escritor C.S. Lewis dijo una vez: "Debes hacer tu elección. O este hombre era, y es, el Hijo de Dios: o bien un loco o algo peor ".

Algunas personas ciertamente llamaron a Jesús loco o poseído, pero otros reconocieron en él al Redentor que Dios nos había prometido a lo largo de los siglos. Porque Jesús hizo ver a los ciegos, los cojos caminan, y los muertos resucitan, y él nos liberó de nuestros pecados a través de su muerte en la cruz. Esto solo puede ser obra de Dios, y no de alguien que fue solo un hombre.

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Una persona buena y sabia no puede reconciliarnos con Dios como Jesús lo hizo. Jesús es Dios y hombre: desea, y es, nuestra redención.

La sabiduría de la Iglesia

¿Cómo expresa la Iglesia el misterio de la Encarnación?

La Iglesia expresa el misterio de la Encarnación afirmando que Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre; con dos naturalezas, la divina y la humana, no confundidas, sino unidas en la Persona del Verbo. Por tanto, todo en la humanidad de Jesús –milagros, sufrimientos y la misma muerte– debe ser atribuido a su Persona divina, que actúa a través de la naturaleza humana que ha asumido.

“¡Oh Hijo Unigénito y Verbo de Dios! Tú que eres inmortal, te dignaste, para salvarnos, tomar carne de la santa Madre de Dios y siempre Virgen María (...) Tú, Uno de la Santísima Trinidad, glorificado con el Padre y el Espíritu Santo, ¡sálvanos!”

(Liturgia bizantina de san Juan Crisóstomo). [CCIC 89]

¿Tenía el Hijo de Dios, hecho hombre, un alma con inteligencia humana?

El Hijo de Dios, asumió un cuerpo dotado de un alma racional humana. Con su inteligencia humana Jesús, aprendió muchas cosas mediante la experiencia. Pero, también como hombre, el Hijo de Dios tenía un conocimiento íntimo e inmediato de Dios su Padre. Penetraba asimismo los pensamientos secretos de los hombres y conocía plenamente los designios eternos que Él había venido a revelar. [CCIC 90]

¿Cómo concordaban las dos voluntades del Verbo encarnado?

Jesús tenía una voluntad divina y una voluntad humana. En su vida terrena, el Hijo de Dios ha querido humanamente lo que Él ha decidido divinamente junto con el Padre y el Espíritu Santo para nuestra salvación. La voluntad humana de Cristo sigue, sin oposición o resistencia, su voluntad divina, y está subordinada a ella. [CCIC 91]

¿Qué significa que Jesucristo es a la vez Dios verdadero y hombre verdadero?

En Jesús Dios se ha hecho realmente uno de nosotros con ello nuestro hermano; pero no por ello dejó de ser a la vez Dios y por tanto nuestro Señor. El concilio de Calcedonia, del año 451, declaró que la divinidad y la humanidad están unidas entre sí en la única persona de Jesucristo "sin confusión ni división".

La Iglesia se ha esforzado durante largo tiempo para poder expresar la relación entre divinidad y humanidad en Jesús. La divinidad y la humanidad no están enfrentadas, de modo que Jesús sólo fuera parcialmente Dios y parcialmente hombre. Como no es cierto que la naturaleza divina y la naturaleza humana se mezclen en Jesús. En Jesús, Dios no ha tomado sólo en apariencia un cuerpo humano (docetismo), sino que se hizo realmente hombre. Tampoco se trata en la humanidad y en la divinidad de dos personas diferentes (nestorianismo). Finalmente, tampoco es cierto que en Jesucristo la naturaleza humana desaparezca al ser asumida en la naturaleza divina (monofisismo). Contra todas estas herejías la Iglesia ha mantenido firme la fe en que Jesucristo es, en una persona, a la vez verdadero Dios y verdadero hombre. La conocida fórmula "sin separación y sin confusión" (Concilio de Calcedonia) no pretende explicar lo que es inalcanzable a la inteligencia humana, sino que, por así decir, fija los pilares de la fe. Designa la "dirección" en la que se puede buscar el misterio de la persona de Jesús. [YouCat 77]

Esto es lo que dicen los Padres de la Iglesia

[Cristo] realizó estos [milagros] y muchos le despreciaron reparando menos en la grandeza de sus obras que en la pequeñez de su autor, como diciendo para sí: “Estas obras son divinas, pero él no es sino un hombre”. Tú, pues, ves dos cosas: unos hechos divinos y un hombre; pero, si lo divino sólo puede hacerlo Dios, estate atento, no sea que en el hombre se oculte Dios. [San Agustín, Sermones, No. 126 (ML 38, 700)]