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3.29 ¿Por qué ayunamos durante cuarenta días?

Grandes fiestas de la Iglesia

La Cuaresma comienza el Miércoles de Ceniza, que lleva el nombre de las cenizas que son marcadas en nuestra frente (en forma de cruz) en ese día. Jesús ayunó durante cuarenta días en el desierto (Mateo 4: 1-2)Mt 4: 1-2 Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser probado por el diablo. Después de cuarenta días y cuarenta noches de ayuno, Él tenía hambre., y nosotros seguimos su ejemplo ayunando durante la Cuaresma.

Durante la Cuaresma, queremos recordarnos a nosotros mismos que sin la ayuda y la gracia de Dios no somos dignos del regalo, del don del sacrificio de Jesús en la cruz.

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Ayunar es comer con sobriedad, cuidar a los demás y rezar, para centrarse en lo que importa: la relación con Jesús (que ayunó 40 días).

La sabiduría de la Iglesia

¿Qué nos revelan las tentaciones de Jesús en el desierto?

Las tentaciones de Jesús en el desierto recapitulan la de Adán en el paraíso y las de Israel en el desierto. Satanás tienta a Jesús en su obediencia a la misión que el Padre le ha confiado. Cristo, nuevo Adán, resiste, y su victoria anuncia la de su Pasión, en la que su amor filial dará suprema prueba de obediencia. La Iglesia se une particularmente a este Misterio en el tiempo litúrgico de la Cuaresma. [CCIC 106].

¿Por qué fue tentado Jesús? ¿Acaso podía ser tentado realmente?

A la verdadera humanidad de Jesús pertenece la posibilidad de ser tentado. Pues en Jesús no tenemos un salvador “incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino que ha sido probado en todo, como nosotros, menos en el pecado” (Heb 4,15). [Youcat 88]

Esto es lo que dicen los Papas

Este itinerario que estamos invitados a recorrer en la Cuaresma se caracteriza, en la tradición de la Iglesia, por algunas prácticas: el ayuno, la limosna y la oración. El ayuno significa la abstinencia de alimentos, pero comprende también otras formas de privación para una vida más sobria. Todo esto, sin embargo, no es aún la realidad plena del ayuno: es el signo externo de una realidad interior, de nuestro compromiso, con la ayuda de Dios, de abstenernos del mal y de vivir del Evangelio. No ayuna de verdad quien no sabe alimentarse de la Palabra de Dios. [Papa Benedicto XVI, Audiencia General, 9 Mar. 2011]