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4.10 ¿Por qué son tan hipócritas los cristianos? ¿Por qué incumplen la ley de Dios?

La vida del cristiano

Antes que nada, es importante darse cuenta de que nadie es perfecto y está libre de pecado, aparte de Jesús y María. Los cristianos también cometen pecados, y es importante para cada uno de nosotros no solo estar orgullosos de nuestras buenas obras.

Por el contrario, un buen cristiano es alguien que está consciente de su pecaminosidad y que sigue intentando rendirse a Dios. Solo cuando te das cuenta de esto puedes entender lo que significa que Jesús vino a salvarnos de nuestros pecados.

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Excepto Jesús y María, todos tenemos pecado. Pero podemos esforzarnos por llevar una vida virtuosa, con ayuda de la misericordia de Dios.

La sabiduría de la Iglesia

¿Cuáles son los cinco “mandamientos de la Iglesia”?

1) Oír misa los domingos y fiestas de guardar. 2) Confesar los pecados mortales al menos una vez al año, en peligro de muerte, y si se ha de comulgar. 3) Comulgar por Pascua de Resurrección. 4) Ayunar y abstenerse de comer carne cuando lo manda la Santa Madre Iglesia. 5) Ayudar a la Iglesia en sus necesidades. [Youcat 345]

¿Para qué sirven los mandamientos de la Iglesia y cuán vinculantes son?

Los cinco “mandamientos de la Iglesia” con sus exigencias de mínimos quieren recordar que no hay vida cristiana sin esfuerzo moral, sin participación concreta en la vida sacramental de la Iglesia y sin la vinculación solidaria con ella. Son obligatorios para todo cristiano católico. [Youcat 346] 

¿Qué son las virtudes humanas?

Las virtudes humanas son perfecciones habituales y estables del entendimiento y de la voluntad, que regulan nuestros actos, ordenan nuestras pasiones y guían nuestra conducta en conformidad con la razón y la fe. Adquiridas y fortalecidas por medio de actos moralmente buenos y reiterados, son purificadas y elevadas por la gracia divina. [CCIC 378]

¿Cuáles son las principales virtudes humanas?

Las principales virtudes humanas son las denominadas cardinales, que agrupan a todas las demás y constituyen las bases de la vida virtuosa. Son la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza. [CCIC 379]

¿Qué es la prudencia?

La prudencia dispone la razón a discernir, en cada circunstancia, nuestro verdadero bien y a elegir los medios adecuados para realizarlo. Es guía de las demás virtudes, indicándoles su regla y medida. [CCIC 380]

¿Qué es la justicia?

La justicia consiste en la constante y firme voluntad de dar a los demás lo que les es debido. La justicia para con Dios se llama “virtud de la religión”. [CCIC 381]

¿Qué es la fortaleza?

La fortaleza asegura la firmeza en las dificultades y la constancia en la búsqueda del bien, llegando incluso a la capacidad de aceptar el eventual sacrificio de la propia vida por una causa justa. [CCIC 382]

¿Qué es la templanza?

La templanza modera la atracción de los placeres, asegura el dominio de la voluntad sobre los instintos y procura el equilibrio en el uso de los bienes creados. [CCIC 383]

¿Por qué debemos trabajar en la formación de nuestro carácter?

Debemos trabajar en la formación de nuestro carácter para que podamos realizar libre, alegre y fácilmente lo que es bueno. Una fe firme en Dios, en primer lugar, nos ayuda a hacer esto, pero también la práctica de las virtudes, lo que significa desarrollar dentro de nosotros mismos, con la ayuda de Dios, disposiciones firmes, no entregarnos a pasiones desordenadas, y dirigir nuestras facultades del intelecto y ser cada vez más consecuentes con el bien.

Las virtudes más importantes son: prudencia, justicia, fortaleza y templanza. Éstas también son llamadas “virtudes cardinales” (del latín cardo = bisagra, o bien cardinalis = principal, importante). [Youcat 300]

¿Cuáles son las tres virtudes teologales?

Las virtudes teologales son fe, esperanza y caridad. Se llaman “teologales” porque tienen su fundamento en Dios, se refieren inmediatamente a Dios y son para nosotros, las personas, el camino para acceder directamente a Dios. [Youcat 305]

Esto es lo que dicen los Padres de la Iglesia

Si [alguno], habiendo sido ya regenerado y justificado, recae por su propia voluntad en una vida perversa, ciertamente no podrá decir: “No la recibí”, porque perdió la gracia de Dios que había recibido, por su libre elección al mal. [San Agustín, Sobre Reprensión y Gracia, Cap. 6: 9 (ML 44, 921)].