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1.11 ¿Dios solo nos habla a través de la Biblia? ¿O también habla de otras maneras?

La Biblia: ¿verdad o mentira?

Hay muchas y diferentes formas en las cuales Dios se revela  a sí mismo. Se revela tanto a través de la Escritura (la Biblia) como a través de la Tradición de la Iglesia. Durante su vida aquí en la tierra, Jesús explicó y cumplió las Escrituras. La revelación de Dios es completa en Jesús (la revelación termina con la muerte del último de los apóstoles).

Hasta nuestros días, el Espíritu Santo ayuda a la Iglesia a obtener una mejor comprensión de la revelación de Dios. Para evitar interpretaciones incorrectas o demasiado literales, la Biblia debe ser leída de manera correcta. Jesús instituyó la Iglesia para ayudarnos a hacer esto.

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Dios habla a través de la Biblia y
la Tradición, que la explica. Ambas forman la revelación de Dios que la Iglesia siempre ha transmitido.

La sabiduría de la Iglesia

¿Qué es la Tradición Apostólica?

La Tradición Apostólica es la transmisión del mensaje de Cristo llevada a cabo, desde los comienzos del cristianismo, por la predicación, el testimonio, las instituciones, el culto y los escritos inspirados. Los Apóstoles transmitieron a sus sucesores, los obispos y, a través de éstos, a todas las generaciones hasta el fin de los tiempos todo lo que habían recibido de Cristo y aprendido del Espíritu Santo. [CCIC 12]

¿De qué modo se realiza la Tradición Apostólica?

La Tradición Apostólica ocurre de dos maneras: a través de la transmisión viva de la palabra de Dios (también llamada simplemente Tradición) y a través de la Sagrada Escritura, que es la misma proclamación de la salvación en forma escrita. [CCIC 13]

¿Cómo podemos decir qué pertenece a la verdadera fe?

Encontramos la verdadera fe en la Sagrada Escritura y en la Tradición viva de la Iglesia.

El Nuevo Testamento se desarrolló a partir de la fe de la Iglesia. La Escritura y la Tradición van juntas. La transmisión de la fe no ocurre principalmente a través de documentos. En la iglesia primitiva se decía que la Sagrada Escritura estaba “escrita en el corazón de la Iglesia en vez de en pergamino”. Los discípulos y los apóstoles experimentaron su nueva vida sobre todo a través de una comunión viva con Jesús. La Iglesia primitiva invitó a las personas a esta confraternidad, que continuó de manera diferente después de la Resurrección. Los primeros cristianos perseveraban “en la enseñanza y comunión de los apóstoles, en la fracción del pan y en las oraciones” (Hch 2,42). Estaban unidos entre sí y, sin embargo, tenían espacio para otros. Esto es parte de nuestra fe hasta el día de hoy: los cristianos invitan a otras personas a conocer una comunión con Dios que se ha conservado inalterada desde los tiempos de los apóstoles en la Iglesia Católica. [YouCat 12]

¿Cómo es posible conocer a Dios solamente bajo la luz de la razón humana?

A partir de la Creación, esto es, del mundo y de la persona humana, con la sola razón, uno puede con certeza conocer a Dios como origen y fin del universo y como sumo bien, verdad y belleza infinita.  [CCIC 3]

¿La luz de la razón es suficiente para conocer el misterio de Dios?

Para conocer a Dios con la sola luz de la razón, el ser humano encuentra muchas dificultades. De hecho, por sí mismo no puede entrar en la intimidad del misterio divino. Es por eso por lo que necesita ser iluminado por la revelación de Dios, no solo sobre aquellas cosas que superan la comprensión humana, sino también sobre aquellas verdades religiosas y morales que, aun siendo de por sí accesibles a la razón, pueden ser conocidas por todos con facilidad, con firme certeza y sin mezcla de error. [CCIC 4]

¿Qué revela Dios al hombre?

Dios en su bondad y sabiduría se revela a sí mismo. Con hechos y palabras, se revela a sí mismo y a su plan de amor bondadoso que él decretó desde toda la eternidad en Cristo. De acuerdo con este plan, todas las personas por la gracia del Espíritu Santo deben compartir en la vida divina como “hijos” adoptados en el unigénito Hijo de Dios. [CCIC 6]

¿Podemos conocer la existencia de Dios mediante la razón?

Sí. La razón humana puede conocer a Dios con certeza.

El mundo no puede tener su origen y su destino dentro de sí mismo. En todo lo que existe, hay más de lo que vemos. El orden, la belleza y la evolución del mundo señalan más allá de sí mismos hacia Dios. Todos los seres humanos son receptivos a lo que es verdadero, bueno y hermoso. Escuchan dentro de sí la voz de la conciencia, que los impulsa a lo que es bueno y les advierte contra lo que es malo. Cualquiera que siga este camino razonablemente encuentra a Dios. [YouCat 4]

¿Por qué la gente niega que Dios existe, si pueden conocerlo por la razón?

Conocer al Dios invisible es un gran desafío para la mente humana. Muchos están asustados por eso. Otra razón por la cual algunos no quieren conocer a Dios es porque tendrían que cambiar de vida. Cualquiera que diga que la pregunta sobre Dios carece de sentido porque no puede ser respondida, está haciendo las cosas demasiado fáciles para él. [YouCat 5]

¿Por qué tuvo Dios que mostrarse para que sepamos cómo es?

El hombre, mediante la razón, puede saber que Dios existe, pero no cómo es Dios realmente. Pero como Dios quería ser conocido, se ha revelado a sí mismo.

Dios no estaba obligado a revelarse. Lo hizo por amor. Como en el amor humano podemos saber algo de la persona amada sólo cuando nos abre su corazón, del mismo modo sólo sabemos algo de los más íntimos pensamientos de Dios porque el Dios eterno y misterioso se nos ha abierto por amor. Desde la creación, pasando por los patriarcas y profetas hasta la revelación definitiva en su Hijo Jesucristo, Dios ha hablado una y otra vez a la humanidad. [YouCat 7]

Esto es lo que dicen los Padres de la Iglesia

De las creencias y prácticas, generalmente aceptadas o públicamente ordenadas, que se conservan en la Iglesia, algunas las poseemos derivadas de la enseñanza escrita; otras que hemos recibido nos han sido entregadas 'en un misterio' por la tradición de los Apóstoles; y ambas en relación con la religión verdadera tienen la misma fuerza. [San Basilio, Sobre el Espíritu Santo, Cap. 27 (MG 32, 188)]