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3.16 ¿Qué son las reliquias?

Tradiciones y devociones

Una reliquia es el recordatorio tangible de un santo. A menudo, las reliquias son piezas de la ropa o el cuerpo de un santo. Esto no es tan extraño como podría parecer: sólo piensa en las personas que mantienen una pieza de joyería, un mechón de pelo, o incluso las cenizas de un ser querido que falleció.

El hecho de que podamos estar cerca y hasta tocar la reliquia de un santo puede ayudarnos en nuestra fe. Al igual que los santos, podemos llegar a ser verdadera y completamente felices cuando tratamos de permanecer cerca de Dios y de amar a nuestro prójimo.

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Reliquias: cosas tangibles que nos ayudan a pensar en santos y pedir su oración; igual que un mechón de pelo nos recuerda a un ser querido.

La sabiduría de la Iglesia

¿Qué formas de piedad popular acompañan la vida sacramental de la Iglesia?

El sentido religioso del pueblo cristiano ha encontrado en todo tiempo su expresión en formas variadas de piedad, que acompañan la vida sacramental de la Iglesia, como son la veneración de las reliquias, las visitas a santuarios, las peregrinaciones, las procesiones, el “Vía Crucis”, el Rosario. La Iglesia, a la luz de la fe, ilumina y favorece las formas auténticas de piedad popular. [CCIC 353].

¿Se pueden venerar las reliquias?

La veneración de reliquias es una necesidad humana natural, para mostrar respeto y honor a personas veneradas. La veneración de reliquias es correcta cuando se alaba la acción de Dios en personas que se han entregado totalmente a él. [Youcat 275]

Esto es lo que dicen los Papas

San Juan Damasceno [habló] sobre la veneración de las reliquias de los santos, basándose en la convicción de que los santos cristianos, al haber sido hechos partícipes de la resurrección de Cristo, no pueden ser considerados simplemente “muertos”. Enumerando, por ejemplo, aquellos cuyas reliquias o imágenes son dignas de veneración, san Juan precisa…: “Ante todo (veneramos) a aquellos en quienes ha habitado Dios, el único santo, que mora en los santos (cf. Is 57, 15), como la santa Madre de Dios y todos los santos. Estos son los que, en la medida de lo posible, se han hecho semejantes a Dios con su voluntad y por la ayuda de Dios, son llamados realmente dioses (cf. Sal 82, 6). [Papa Benedicto XVI, Audiencia General, 6 Mayo 2009]