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3.27 ¿Qué tipo de «fiestas» hay a lo largo del año?

Liturgia

El año litúrgico comienza con el Adviento y el tiempo de Navidad. La Cuaresma es un período de ayuno y de preparación para la fiesta más importante que celebramos en la Pascua, concretamente, la Resurrección de Jesús. El tiempo pascual termina después de la Ascensión, en Pentecostés.

En el "tiempo ordinario" (el resto del año litúrgico) estamos invitados a aprender a vivir más y más como hijos de Dios, después de haber celebrado las más grandes fiestas centradas en Jesús. También hay días de fiesta en honor a María, los santos y los ángeles. En el último domingo del año litúrgico, celebramos la fiesta de Cristo Rey. El reino de Dios no se basa tanto en la ley, sino más bien en el amor.

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Hay muchas fiestas de Jesús, los ángeles, María y los demás santos. Nos ayudan a dar gloria a Dios y a vivir como verdaderos cristianos.

La sabiduría de la Iglesia

¿Qué es el año litúrgico?

El año litúrgico o año cristiano es la superposición del transcurso normal del año con los misterios de la vida de Cristo: desde la Encarnación hasta su retorno en gloria. El año litúrgico comienza con el Adviento, el tiempo de la espera del Señor; tiene su primer punto culminante en el ciclo festivo de la Navidad y el segundo, aún mayor, en la celebración de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo en la Pascua. El tiempo pascual termina con la fiesta de Pentecostés, el descenso del Espíritu Santo sobre la Iglesia. Las fiestas de la Virgen María y de los santos jalonan el año litúrgico; en ellas la Iglesia alaba la gracia de Dios, que ha conducido a los hombres a la salvación. [Youcat 186]

Esto es lo que dicen los Papas

Después del tiempo pascual, que concluyó el domingo pasado con Pentecostés, la liturgia ha vuelto al «tiempo ordinario». Pero esto no quiere decir que el compromiso de los cristianos deba disminuir; al contrario, al haber entrado en la vida divina mediante los sacramentos, estamos llamados diariamente a abrirnos a la acción de la gracia divina, para progresar en el amor a Dios y al prójimo. [Benedicto XVI, Angelus, 30 de mayo de 2012]