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3.39 ¿Cómo se hace una buena confesión?

Los sacramentos

Te vas preparando y pides la ayuda de Dios para reconocer lo que es malo y pecaminoso en tu vida. Entonces buscas a un sacerdote y le pides que te dé su bendición al confesarte adecuadamente. Realizas una confesión concisa, completa y clara de los pecados que has cometido. El sacerdote entonces te aconseja y te impone una penitencia. Gracias a la app #TwGOD, siempre puedes consultar la estructura de la confesión; puedes encontrar esto en la sección que contiene oraciones para los sacerdotes.

Después el sacerdote te dará la absolución (el perdón de Dios). En ese momento, Dios perdona todos los pecados que has confesado con contrición. Esto significa que tus pecados simplemente han sido lavados y que tú puedes continuar tu vida como cristiano.

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Para confesar bien, debes prepararte: piensa en los 10 mandamientos. Sé honrado y preciso; Dios perdona mediante la absolución del sacerdote.

La sabiduría de la Iglesia

¿Cuáles son los elementos esenciales del sacramento de la Reconciliación?

Los elementos esenciales del sacramento de la Reconciliación son dos: los actos que lleva a cabo el hombre, que se convierte bajo la acción del Espíritu Santo, y la absolución del sacerdote, que concede el perdón en nombre de Cristo y establece el modo de la satisfacción. [CCIC 302]

El confesor, ¿está obligado al secreto?

Dada la delicadeza y la grandeza de este ministerio y el respeto debido a las personas, todo confesor está obligado, sin ninguna excepción y bajo penas muy severas, a mantener el sigilo sacramental, esto es, el absoluto secreto sobre los pecados conocidos en confesión. [CCIC 309]

 

¿Qué nombres hay para el sacramento de la Penitencia?

El sacramento de la Penitencia se denomina también Sacramento de la Reconciliación, del perdón, de la conversión y de la confesión. [Youcat 225]

Si ya tenemos el Bautismo, que nos reconcilia con Dios, ¿por qué necesitamos entonces un sacramento específico de la Reconciliación?

Si bien el Bautismo nos arranca del poder del pecado y de la muerte y nos introduce en la nueva vida de los hijos de Dios, no nos libra de la debilidad humana y de la inclinación al pecado. Por eso necesitamos un lugar en el que podamos reconciliarnos continuamente de nuevo con Dios. Esto es la confesión.

 

Confesarse parece no estar de moda. Quizá sea difícil y al principio cueste un gran esfuerzo. Pero es una de las mayores gracias que podamos comenzar siempre de nuevo en nuestra vida, realmente de nuevo: totalmente libres de cargas y sin las hipotecas del pasado, acogidos en el amor y equipados con una fuerza nueva. Dios es misericordioso, y no desea nada más ardientemente que el que nosotros nos acojamos a su misericordia. Quien se ha confesado abre una nueva página en blanco en el libro de su vida. [Youcat 226]

¿Quién ha instituido el sacramento de la Penitencia?

Jesús mismo instituyó el sacramento de la Penitencia cuando el día de Pascua se apareció a los apóstoles y les dijo: “Reciban el Espíritu Santo, a quienes ustedes les perdonen los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengan, les quedan retenidos”. (Jn 20, 22­23).

 

En ningún lugar ha expresado Jesús de forma más bella lo que sucede en el sacramento de la Penitencia que en la parábola del hijo pródigo: nos extraviamos, nos perdemos, no podemos más. Pero Dios Padre nos espera con un deseo mayor e incluso infinito; nos perdona cuando regresamos; nos acepta siempre, perdona el pecado. Jesús mismo perdonó los pecados a muchas personas; eso era más importante para él que hacer milagros. Veía en ello el gran signo de la llegada del reino de Dios, en el que todas las heridas serán sanadas y todas las lágrimas serán enjugadas. El poder del Espíritu Santo, en el que Jesús perdonaba los pecados, lo transmitió a sus apóstoles. Cuando nos dirigimos a un sacerdote y nos confesamos, nos arrojamos a los brazos abiertos de nuestro Padre celestial. [Youcat 227]

¿Quién puede perdonar los pecados?

Sólo Dios puede perdonar los pecados. "Tus pecados te son perdonados" (Mc 2,5) sólo lo pudo decir Jesús porque él es el Hijo de Dios. Y sólo porque Jesús les ha conferido este poder pueden los Presbíteros perdonar los pecados en nombre de Jesús.

                              

Hay quien dice: Esto lo arreglo yo directamente con Dios, ¡para eso no necesito ningún sacerdote! Pero Dios quiere que sea de otra manera. Él nos conoce. Hacemos trampas con respecto a nuestros pecados, nos gusta echar tierra sobre ciertos asuntos. Por eso Dios quiere que expresemos nuestros pecados y que los confesemos cara a cara. Por eso es válido para los sacerdotes: “A quienes les perdonen los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengan, les quedan retenidos” (Jn 20,23). [Youcat 228]

¿Qué pecados hay que confesar?

Los pecados graves, que se recuerden tras un examen de conciencia minucioso, y que aún no se hayan confesado, sólo pueden ser perdonados, en circunstancias normales, en la confesión sacramental individual.

 

Es cierto que ante la confesión nos sentimos cohibidos. Pero superar esto es ya el primer paso para sanar interiormente. A menudo ayuda pensar en que también el Papa debe tener valor para confesar a otro sacerdote y con ello a Dios- sus faltas y debilidades. Sólo en casos de necesidad existencial (como por ejemplo en la guerra, en un bombardeo o en otra circunstancia en la que un grupo de personas se encuentre en peligro de muerte) puede un sacerdote conceder la absolución a un grupo de personas, sin que previamente se haya dado una confesión individual de los pecados (es la llamada absolución general). En cualquier caso, si se supera esta circunstancia, hay que confesar individualmente los pecados graves en la primera ocasión que se tenga. [Youcat 233]

¿Cuándo hay obligación de confesar los pecados graves? ¿Con qué frecuencia hay que confesarse?

Al llegar a la edad de la discreción hay obligación de confesar los pecados graves. La Iglesia manda que se haga al menos una vez al año. En cualquier caso hay que confesarse antes de recibir la sagrada comunión si se ha cometido algún pecado grave.

 

Con la expresión “edad de la discreción” se refiere la Iglesia a la edad en la que se ha llegado a usar la razón y se ha aprendido a distinguir entre el bien y el mal. [Youcat 234]

¿Hay pecados tan graves que no los pueda absolver un sacerdote común?

Hay pecados en los cuales la persona se aparta totalmente de Dios y, dada la gravedad especial del acto, atrae sobre si la pena de excomunión. En caso de pecados sancionados con excomunión, sólo puede conceder la absolución el obispo o un sacerdote que tenga este oficio especifico, e incluso en algunos casos sólo el Papa. En caso de peligro de muerte todo sacerdote puede absolver de cualquier pecado y de la excomunión.

 

Un católico que, por ejemplo, presta una colaboración imprescindible para un aborto que efectivamente se realiza, se excluye automáticamente de los sacramentos; la Iglesia sólo constata este estado. La excomunión tiene la intención de que el pecador cambie de vida y vuelva al buen camino. [Youcat 237]

¿Puede un sacerdote contar a otras personas algo que haya conocido en la confesión?

No, de ningún modo. El secreto de confesión es absoluto. Todo presbítero quedaría excomulgado si contara a otras personas cualquier cosa que haya conocido en confesión. Ni siquiera a la policía puede decir o insinuar algo.

 

Quizá no haya nada que los presbíteros tomen más en serio que el secreto de confesión. Hay sacerdotes que por ello han soportado torturas y han llegado a morir. Por eso se puede hablar abiertamente sin reservas y uno puede confiarse con gran tranquilidad a un sacerdote, cuya única tarea en ese momento es ser todo “oídos de Dios”. [Youcat 238]

Esto es lo que dicen los Padres de la Iglesia

“Arrepiéntete y te salvaré” (Ez 18,21); y repite nuevamente, “Vivo yo, dice el Señor, y tendré [arrepentimiento] en vez de muerte” (Ez 33,11). La repetición, entonces, es 'vida', ya que es preferible a la muerte. Ese arrepentimiento, oh pecador como yo... apresúrate a abrazar, como el náufrago, la protección de algún tablón. Esto hará que salgas a flote cuando sientas que te hundes en las olas del pecado, y te llevará al puerto de la clemencia. [Tertuliano, Penitencia, Cap. 4 (ML 1, 1233)]