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4.17 ¿Cómo llegar a ser santo?

La llamada a la santidad

Los Santos son personas qué han estado abiertos a Dios de una forma especial a lo largo de sus vidas. Debido a que fueron declarados Santos (canonizados) por la Iglesia después de su muerte, está claro que ellos se encuentran en el cielo y rezan por nosotros desde allí. Son un ejemplo para todos los creyentes. 

La Iglesia ha instaurado un procedimiento específico para la canonización. Después de que una persona muera, primero tiene que ser declarada ‘Siervo de Dios’, después ‘Venerable’, después ‘Bendito’ y finalmente ‘Santo’. Todo el mundo puede convertirse en santo viviendo con una relación cercana a Jesús, aún así, no todos pueden declararse oficialmente santos. 

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Puedes llegar a ser santo si vives cristianamente y estás con Jesús. Solo el Papa puede declarar oficialmente que alguien es santo.

La sabiduría de la Iglesia

¿Qué significa la “comunión de los santos”?

De la “comunión de los santos” forman parte todas las personas que han puesto su esperanza en Cristo y le pertenecen por el bautismo, hayan muerto ya o vivan todavía. Puesto que somos un cuerpo en Cristo, vivimos en una comunión que abarca el cielo y la tierra.

La Iglesia es más grande y está más viva de lo que pensamos. A ella pertenecen los vivos y los muertos, ya se encuentren en un proceso de purificación o estén en la gloria de Dios. Conocidos y desconocidos, grandes santos y personas insignificantes. Nos podemos ayudar mutuamente sin que la muerte lo impida. Podemos invocar a nuestros santos patronos y a nuestros santos favoritos, pero también a nuestros parientes difuntos, de quienes pensamos que ya están junto a Dios. Y por otro lado, podemos socorrer a nuestros difuntos que se encuentran aún en proceso de purificación, mediante nuestras oraciones. Todo lo que cada uno hace o sufre en y para Cristo, beneficia a todos. La conclusión inversa supone, desgraciadamente, que cada pecado daña la comunión. [Youcat 146]

¿Debemos todos ser “santos”?

Sí. El sentido de nuestra vida es unirnos a Dios en el amor, corresponder totalmente a los deseos de Dios. Debemos permitir a Dios “que viva su vida en nosotros” (Santa Teresa de Calcuta). Esto significa ser “santo”.

Todo ser humano se hacen la pregunta: ¿Quién soy yo? ¿Para qué estoy aquí? ¿Cómo puedo ser yo mismo? La fe responde que sólo la santidad lleva a la persona a ser aquello para lo que fue creada por Dios. Sólo en la santidad encuentra el ser humano la verdadera armonía consigo mismo y con su Creador. Pero la santidad no es una perfección hecha a medida por uno mismo, sino la unión con el amor hecho carne, que es Cristo. Quien de este modo logra la nueva vida se encuentra a sí mismo y llega a ser santo. [Youcat 342]

Esto es lo que dicen los Papas

Queridos jóvenes, la Iglesia necesita auténticos testigos para la Nueva Evangelización: hombres y mujeres cuyas vidas hayan sido transformadas por el encuentro con Jesús; hombres y mujeres capaces de comunicar esta experiencia a los demás. La Iglesia necesita santos. Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad. En este camino de heroísmo evangélico nos han precedido tantos, y es a su intercesión a la que les exhorto recurrir a menudo. [Papa Juan Pablo II, Mensaje para la JMJ 2005, n. 7]