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3.46 ¿Por qué tanto énfasis en el pecado en vez de en la esperanza?

La Eucaristía

Algunas personas piensan que la Iglesia pone demasiado énfasis en todo lo que la gente hace mal, en vez de en el bien que hace. Pero ¿es justificada su crítica? Jesús vino a traernos vida en abundancia (Jn 10: 10)Jn. 10: 10: El ladrón sólo viene para robar, matar y destruir; Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia.. Sin embargo, todos sabemos por experiencia propia que cometemos errores y pecados.

Afortunadamente, Jesús no se fija con nuestros pecados, y desea perdonarnos de todo corazón. Con el propósito de prepararnos para el encuentro especial con Jesús en la Eucaristía, le pedimos una y otra vez el perdón que necesitamos. Él hizo posible este perdón para cada uno de nosotros a través de su muerte y resurrección. Por favor, consulta la app #TwGOD para la liturgia del Sacramento de la Reconciliación, y los textos estándar de la Misa en diferentes idiomas.

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Nuestro pecado es una realidad, igual que el perdón que esperamos de Dios. Sin perdón no podemos avanzar en nuestra fe.

La sabiduría de la Iglesia

¿Qué representa la Eucaristía en la vida de la Iglesia?

La Eucaristía es fuente y culmen de toda la vida cristiana. En ella alcanzan su cumbre la acción santificante de Dios sobre nosotros y nuestro culto a Él. La Eucaristía contiene todo el bien espiritual de la Iglesia: el mismo Cristo, nuestra Pascua. Expresa y produce la comunión en la vida divina y la unidad del Pueblo de Dios. Mediante la celebración eucarística nos unimos a la liturgia del cielo y anticipamos la vida eterna. [CCIC 274]

¿Qué es la Sagrada Eucaristía?

La Sagrada Eucaristía es el Sacramento en el que Jesús entrega por nosotros su Cuerpo y su Sangre: Él mismo, para que también nosotros nos entreguemos a él con amor y nos unamos a él en la Sagrada Comunión. De esta manera nos unimos al único Cuerpo de Cristo, la Iglesia.

 

Después del Bautismo y la Confirmación, la Eucaristía es el tercer sacramento de la iniciación cristiana. La Eucaristía es el centro misterioso de todos los sacramentos, porque el sacrificio histórico de Jesús en la Cruz se hace presente durante la transubstanciación de un modo oculto e incruento. De este modo la celebración eucarística es “la fuente y cima de toda la vida cristiana” (Concilio Vaticano II, Lumen gentium [LG 11]). A ella está orientado todo; más allá de ella no hay nada más grande que pueda ser alcanzado. Cuando comemos el pan partido, nos unimos con el amor de Jesús, que entregó por nosotros su cuerpo en la Cruz; cuando bebemos del cáliz, nos unimos con aquél que en su entrega derramó incluso su Sangre. Nosotros no hemos inventado este rito. Jesús mismo celebró con sus discípulos la Última Cena y anticipó en ella su muerte; se dio a sus discípulos bajo las especies de pan y vino y exhortó a que, desde entonces, y después de su muerte, celebraran la Eucaristía: “Hagan esto en memoria mía” (1 Cor 11,24). [Youcat 208]

¿Cómo debo prepararme para poder recibir la Sagrada Eucaristía?

Quien quiera recibir la Sagrada Eucaristía, debe ser católico. Si fuera consciente de un pecado grave o mortal, debe confesarse antes. Antes de ponerse ante el altar hay que reconciliarse con el prójimo.

 

Hasta hace pocos años estaba dispuesto no comer nada como mínimo tres horas antes de una celebración eucarística; de este modo se quería estar preparado para el encuentro con Cristo en la Comunión. Hoy en día la Iglesia pide al menos una hora de ayuno. Un signo de respeto es la ropa, bonita y algo especial, pues al fin y al cabo tenemos una cita con el Señor del mundo. [Youcat 220]

Esto es lo que dicen los Papas

En esperanza fuimos salvados, dice san Pablo a los Romanos y también a nosotros (Rm 8,24). Según la fe cristiana, la “redención”, la salvación, no es simplemente un dato de hecho. Se nos ofrece la salvación en el sentido de que se nos ha dado la esperanza, una esperanza fiable, gracias a la cual podemos afrontar nuestro presente: el presente, aunque sea un presente fatigoso, se puede vivir y aceptar si lleva hacia una meta, si podemos estar seguros de esta meta y si esta meta es tan grande que justifique el esfuerzo del camino.  [Papa Benedicto XVI, Spe Salvi, n. 1]