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4.2 ¿Qué debo hacer con mi vida?

La vocación

En un momento en que el agotamiento y la depresión están a la orden del día, esta es una pregunta muy importante. La respuesta que podamos dar es realmente bastante simple: nuestra meta como seres humanos es ser feliz.

El camino hacía la verdadera felicidad solo se encuentra en Jesús: él dijo de si mismo que el es el camino (Jn. 14: 6)Jn. 14: 6: Jesús le dijo, “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida, nadie viene del padre, sino de mi”.. Si tu deseas encontrar la felicidad suprema es importante invertir en tu relación con Dios. Encontrarás esa felicidad, porqué Dios te ayudará a descubrir lo que deberías hacer con tu vida. 

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Lo más importante en la vida es confiar en que Dios te quiere y quiere que seas feliz, ¡y compartirlo! El resto viene por añadidura.

La sabiduría de la Iglesia

¿Qué relación tienen las Bienaventuranzas con nuestro deseo de felicidad?

Las Bienaventuranzas responden al innato deseo de felicidad que Dios ha puesto en el corazón del ser humano, a fin de atraerlo hacia Él, el único que lo puede satisfacer.[CCIC 361]

¿Por qué anhelamos la felicidad?

Dios ha puesto en nuestro corazón un deseo tan infinito de felicidad que nadie lo puede saciar, sólo Él mismo. Todas las satisfacciones terrenas nos dan únicamente un anticipo de la felicidad eterna. Por encima de ellas debemos ser atraídos a Dios. [Youcat 281] 

¿Qué es la libertad y para qué sirve?

La libertad es el poder que Dios nos ha regalado para poder actuar por nosotros mismos; quien es libre ya no actúa determinado por otro.

Dios nos ha creado como seres libres y quiere nuestra libertad para que podamos optar de corazón por el bien, también por el supremo “bien”, es decir, Dios. Cuanto más hacemos el bien tanto más libre nos volvemos. [Youcat 286]

Esto es lo que dicen los Padres de la Iglesia

Nosotros, habiendo sido llamados por su Voluntad en Cristo Jesús no somos justificados por nosotros mismos, ni por nuestra sabiduría o entendimiento o piedad o por las obras que hemos hecho en santidad de corazón, sino por la fe, por la cual el Dios todopoderoso ha justificado a todos, hombres y mujeres, desde el principio; a quien sea gloria por todos los tiempos. Amén. ¿Qué haremos, hermanos? ¿Dejamos de hacer el bien y abandonamos la caridad? Que el Señor nunca permita que esto nos suceda, sino que seamos diligentes para llevar a cabo todo buen trabajo (Tito 3,1) con seriedad y celo. [San Clemente de Roma, Carta a los Corintios, Cap. 32: 4 (MG 1, 272)]